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Escrito por : Valentina Coccia
MISS POTTER: LA HISTORIA DE UNA DULCE REBELIÓN
 

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Cuando era niña y aprendí a leer, los adultos me sorprendieron más de una vez regalándome los cuentos de Beatrix Potter. Las fábulas de esta escritora e ilustradora británica me asombraron con la belleza de sus personajes que, dibujados con un fino pincel, cándidos colores y un trazo minucioso, me transportaban inmediatamente a una campiña inglesa algo fantástica, en la que los conejos tenían la costumbre de vestir finas ropas, fumar tabaco de flores de lavanda y tejer a dos agujas mientras bebían una deliciosa taza de té inglés.


Recientemente vi la película Miss Potter (2006), realizada por el director australiano Chris Noonan y protagonizada por la bella Renée Zellweger. La película relata la vida de la cuentista, que se esmeraba por publicar su obra durante la era victoriana. Sus cuentos, al igual que su vida, fueron un acto de dulce rebeldía en una sociedad regida por estrictas normas. De hecho, en su primer cuento, The Tale of Peter Rabbit, el protagonista desobedece a su madre y escapa de su madriguera para vivir una peligrosa aventura en el jardín de Mr. McGregor, perdiendo una a una sus formales prendas que encajonaban al conejito dentro de un decoro social. De la misma forma, Beatrix Potter abandona las reglas de la vida de una mujer soltera y revoluciona la manera de escribir literatura infantil en la era victoriana que, hasta ese momento, de acuerdo a la doctrina del predicador Wesley, estaba diseñada para combatir la profunda depravación de los niños mediante un estricto método moralizante, que serviría luego en la vida adulta para tener en las fábricas trabajadores obedientes y eficientes a la vez. Como Peter Rabbit, Potter, a lo largo de su vida, se va despojando de todo decoro en su camino para dejar atrás una a una las normas sociales que regulaban la vida en la era victoriana.


En muchos momentos, Noonan muestra cómo ese arrojo de la autora, su creatividad, su terquedad y su ambiciosa espontaneidad son tomados como signos de locura. Por ejemplo, la protagonista de la película a menudo habla con sus ilustraciones, regañándolas por su mal comportamiento o conversando con ellas sobre sus alegrías y tristezas. Como la bella Zellweger representa a la perfección, para la autora los pequeños y aburguesados animales de sus cuentos no eran el fruto de su trabajo: eran sus amigos. Noonan muestra cómo la realidad cotidiana de la ciudad de Londres se impregnaba de la imaginación de Beatrix, haciendo de toda esa pesada normatividad una existencia más agradable para ella.


El director busca justificar el uso cotidiano de esa imaginación infantil escarbando en el cajón de recuerdos de la autora, viajando con la mente de Potter a los memorias más nítidas de su infancia. La pequeña Beatrix descubre que su destino podía cambiar más o menos a los nueve años de edad, cuando pintaba un bosquejo de Benjamin Bonnie, su mascota citadina. El dibujo que la pequeña hacía del conejo era una copia bastante fidedigna del animal: no llevaba pantalones, ni botas ni abrigos. Mucho menos fumaba tabaco de lavanda o bebía el té. Solo estaba acostado, en su posición natural de conejo común y corriente. Todo cambia cuando la estricta niñera Fiona los lleva a ella y a su hermano Bertram a despedir a sus padres, apurados por llegar a algún compromiso social. Mientras que Beatrix es corregida para que se porte como una futura dama y mientras su padre le recuerda su destino de mujer casada, Benjamin Bonnie cobra vida en el papel. En ese momento los dibujos dejaron de ser una simple copia de la realidad y pasaron a ser personajes que alegraron la cotidianidad de la futura autora, impregnando de carisma esa realidad victoriana, y de creatividad esa niñez llena de disciplina. Este cambio profundo se confirma cuando Beatrix se asoma a la ventana para ver a sus padres partir y se sorprende al darse cuenta que la aburrida carroza citadina se ha convertido en una enorme calabaza trasportada por tres tiernos pares de conejitos.

 

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 En otra de las reminiscencias del personaje, Noonan nos transporta a las vacaciones de Beatrix en Lake District, donde su familia pasaba el verano junto a otras personas de la distinguida sociedad. Aquí Beatrix comienza a ver las cualidades humanas de los personajes que habitan en los bosques: un erizo, un sapo y un conejillo que luego inspirará la historia de la insurgencia de Peter Rabbit. Aunque su madre trata de mantenerlos a ella y a Bertram a raya de los niños del campo, Beatrix vive la naturaleza con tal entusiasmo que no teme ensuciar su decoroso vestido con tal de compenetrarse con el entorno. Esta escena, además de mostrar la simpatía de la futura Miss Potter por el mundo natural, también pretende mostrar cómo la forma de fabular la naturaleza cambia gracias a la imaginación de Beatrix. La huraña niñera Fiona, de hecho, trata de adoctrinar y entretener a los niños con algunas fábulas victorianas: criaturas malvadas, bestias y hadas habitaban los bosques y castigaban a los niños por sus malos comportamientos. Beatrix, ya aburrida de estos cuentos sin originalidad y llenos de miedo y moralismo, inventaba los suyos propios. Sus dibujos, por estos tiempos, comenzaban a cambiar: patos, gatos, erizos y demás, se transformaban en personajes de sus historias. Ratones que se declaraban amor mutuo, sapos que pescaban en la laguna o patas que llevaban chal y sombrero.

 
 

 

Desde ese momento, la realidad de Miss Potter se partió en dos mundos que intercambiaban elementos. Animales que se comportaban a modo londinense en el campo, o conejitos que invadían la realidad de la gran ciudad. Ese mundo se convierte en uno solo cuando Beatrix por fin se muda al campo a vivir su propia vida. Noonan se encarga de que las escenas tengan las mismas características de una pintura. Cuando Beatrix despierta en su nueva realidad y mira el campo de trigo que la rodea, podría bien ser el personaje de un cuadro de Van Gogh; o cuando viene su amiga Millie de visita y caminan juntas por el bosque, ambas podrían formar parte de una pintura de Renoir. La ruptura de esta dicotomía representa la consecución de la felicidad, que para Beatrix consistía en que su mundo imaginario formara parte de su vida diaria, dejando atrás y a través del camino cada una de las estrictas reglas que le imponía el mundo civilizado de la ciudad de Londres, al igual que Peter Rabbit cuando regresó a su madriguera. Como su personaje, la dulce Beatrix regresa al lugar al que pertenece, dejando las historias de locura atrás, abandonadas en las tristes y grises calles de la ciudad de Londres.

 

 
 
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