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Escrito por : Iván Rodríguez
LEY NARANJA
 

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Acaba de ser promulgada la Ley 1834 del 23 de mayo de 2017, denominada Ley Naranja “Por medio de la cual se fomenta la economía creativa”, y, con ese título, son muchas las expectativas que generan. Sin embargo, lo cierto es que es un muy buen ejemplo de una ley “general, abstracta e impersonal”: en este caso son solo 15 artículos, con 7 páginas (de las cuales 2 y algo son de firmas).


La iniciativa fue presentada por la bancada del Centro Democrático, teniendo como autor principal al senador y “presidenciable” Iván Duque Márquez. De hecho, esta ley seguramente se constituirá en uno de esos grandes logros con los que busque cautivar al voto de opinión a favor del Centro Democrático en las siguientes elecciones.


La Ley Naranja está llena de frases esperanzadoras, muy útiles en épocas preelectorales, como estas:

 

“La presente ley tiene como objeto desarrollar, fomentar, incentivar y proteger las industrias creativas.”
“El Gobierno nacional tomará las medidas necesarias para que las industrias creativas nacionales sean exaltadas, promocionadas, incentivadas, protegidas y reconocidas.”
“Se desarrollará la infraestructura necesaria para que, en el marco de las competencias del Gobierno nacional y los Gobiernos locales, se privilegie la inversión en infraestructura física e infraestructura virtual, así como a su acceso inclusivo.”


Pero lo cierto es que es solo un principio y no aporta casi nada al desarrollo del sector cultural colombiano, pues no se generan verdaderos aportes al sector de la economía naranja en cuanto a su promoción mediante la reducción de sus costos o espacios que promuevan su consumo.


Eché de menos que se incluyeran beneficios tributarios, aduaneros y administrativos que fomentaran la creación de empresas culturales y la inversión en el sector. Sería realmente útil decir que estas empresas no pagarían impuesto renta en sus primeros años de operaciones, que se eximiera del IVA a los productos de estas actividades, que no se cobrara el 4X1.000 a las cuentas que se usan para recaudar boletería de espectáculos, que se eximiera de predial a los inmuebles que desarrollaran actividades culturales o casos similares, exención de aranceles para los insumos de estas industrias: esos sí serían verdaderos avances e incentivos al desarrollo del sector. Pero de recursos o incentivos reales la Ley Naranja no trajo nada realmente nuevo.


Sin embargo, dentro de los aportes de la Ley Naranja vale la pena resaltar:


(i) La instrucción de que Gobierno Nacional, conformado por el Presidente, Ministros y Directores de Departamentos Administrativos, formule una Política Integral de la Economía Creativa que se denominaría Política Naranja y deberá “buscar” que sea producto de una participación plural y equilibrada de actores públicos, privados (ojo no dice garantizar o asegurar, simplemente “buscará”). Si el gobierno es ambicioso en el marco de esta política contará con un camino para hacer grandes aportes. Ahora, esto igual lo hubiera podido hacer cualquier gobierno sin la Ley Naranja, solo hace falta darle recursos al Ministerio de Cultura y plantear políticas públicas de fomento del sector; solo hace falta voluntad política y visión. Los preceptos constitucionales y leyes actuales ya le dan al gobierno el suficiente marco para promover la economía naranja.


(ii) La creación de un “Reporte Naranja” que es un documento que deberá emitir el DANE con unas estadísticas básicas sobre la economía creativa en Colombia, esta herramienta podría ser un instrumento interesante para el estudio del tamaño y necesidades del sector, pero tampoco es algo que no se pudiera hacer antes y de hecho es solo el intento de fortalecer la “Cuenta Satélite de Cultura” que ya saca el DANE.


(iii) La creación del Consejo Nacional de la Economía Naranja, como coordinador institucional de la economía creativa, que de hecho tampoco es algo que ya no existiera pues ya había un consejo asesor y consultor que hace casi lo mismo, el Consejo Nacional de Cultura. Yo hubiera preferido que se fortaleciera ese Consejo Nacional de Cultura con más integrantes y funciones, en lugar de crear un nuevo Consejo para que se demoren más resultados.


Pero independientemente de la falta de avances concretos, la Ley Naranja sí dejó en el ambiente nacional la conciencia de que el sector cultural no es una “costura” o un relleno, sino un segmento importante de la economía nacional, una fuente importante de generación de empleo y un campo con mucho potencial para el desarrollo económico.


Entonces, el diablo estará en los detalles de la Política Naranja y los resultados de esta Ley se evidenciarán en el Reporte Naranja. Los que intervenimos en el sector tenemos que estar atentos a estos avances en estas políticas, exigir su implementación, su fortalecimiento y mayor presupuesto para tener más y mejores espacios dedicados al desarrollo de las artes. Para que este sector naranja sea realmente exitoso, esa política naranja debe estar enfocada en crear un público grande y estable, pues para el desarrollo de las artes y del sector naranja es muy útil el apoyo del Estado, pero lo que hace realmente prosperar las empresas culturales es que exista un mercado que demande sus productos espectáculos, sus películas y demás productos.

 
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