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Escrito por : Mauricio Arévalo Arbeláez

  Con el apoyo del Circuito de jóvenes directores y dramaturgos y Otium Teatro llega a Colombia “TENNESSEE (W): La vida secreta de Tennessee Williams", una obra dirigida por Francesc cerro-Ferran, escrita y protagonizada por Martí Peraferrer i Vayreda, que estará en temporada los días 10, 11, 12, y 13 de mayo en La Corporación Colombiana de Teatro,  sala Seki Sano. Artificio habló con el dramaturgo sobre la obra y su llegada a nuetsro país. 

 

Marti

 Martí Peraferrer i Vayreda encarnando a Tennessee Williams

 

¿Por qué escoger la figura de Tennessee Williams? ¿Por qué hablar de él hoy?

 
El proyecto de La vida secreta de Tennessee Williams es un proyecto personal, de mi propia compañía, allá en Cataluña. A mí en Cataluña siempre me encasillan un poco, tanto en teatro como en televisión, y me di cuenta de que siempre me están llamando para lo mismo… Pero uno como actor, como artista, tiene que buscarse aquellos personajes, a los cuales nunca te llamarían para hacer, y creo que, si no te ponen el reto los demás, te lo tienes que poner tú mismo. Creé una compañía, que es Teatro Blau (Teatro Azul), y nos ideamos, con Francesc cerro-Ferran, el director, un triángulo, buscar la vida de tres personajes históricos, conocidos, que tuvieran una vida totalmente atormentada, difícil, dura. La premisa era que esa misma dificultad personal, interior, de dolor, de duda, de sufrimiento, generaba una gran obra artística. Nos propusimos un pintor, un escritor y un músico. Empezamos con el pintor, Van Gogh: estuve tres años haciendo el monólogo sobre su vida, tuvo mucho éxito en Barcelona. Van Gogh es un personaje muy torturado, pero es su propia tortura interior la que genera esa pintura, ese descubrimiento de una pintura nueva en su momento, y después aparece el segundo, que es Tennessee Williams.

 
Pensamos primero en Truman Capote, pero a mí no me acababa de interesar ninguno, porque no me enganchaba, algo que debe pasar entre el artista y el proyecto, más si tú lo vas a producir. De repente un día, en una librería, encontré las memorias de Williams … y, de golpe, Williams se me reveló. Yo siempre digo que los personajes a veces te vienen a buscar a ti, y no al revés. Tienes que esperar y ellos vienen a buscarte. Tengo la sensación de que a mí Williams me escogió, porque me leí las memorias en una noche. “¡Esto es lo que estoy buscando!”, dije. El Tennessee Williams dramaturgo, cuando está escribiendo sus propias memorias, está escribiendo a la vez su mejor obra de teatro. Seguramente su vida está totalmente dramatizada por él mismo, porque cuando tú la lees en voz alta, estás escuchando un monólogo de teatro. Supongo que cuando un dramaturgo escribe, no puede olvidar que es dramaturgo, y compone las frases y el ritmo y la intención de una manera totalmente teatral. A mí eso me atrapó de forma que en cuatro o cinco meses había hecho la elección de los textos, que me parecieron los capítulos más importante de su vida, y ese texto lo entregué al director.

 
Francesc cerro-Ferran monta todo el espectáculo. Yo no sabía cómo se podía hacer una biografía, que finalmente es un papel en 2D, en 3D, montarla, y él ideó toda la dramaturgia, en el sentido escénico: él está relatando sus memorias, grabando en sus memorias, durante esa noche. 


¿Y cómo fue cuando viste el resultado final, ya vivo?

 
Es curioso el proceso, cuando uno ha escogido el texto y ha elegido los textos que le parecen que son los que pueden triunfar más en el momento de la escena, y viene el director y dice: "¡esto se va, esto no, esto no va a funcionar!"; entonces es como si te fueran cortando un brazo, una pierna, todo... y tú te tienes que morder el labio porque, claro, hay que obedecer al director. Y al final descubrimos algo: la obra, aunque es un monólogo, en el fondo es un diálogo de él con alguien, y a mí se me hace tan… es que es una obra de una hora y cuarenta, y no se me hace nada pesada. Creo que cuando un actor encuentra su obra es como un guante que entra perfecto y te encaja en la mano y dices: “esta es mi obra, este es mi guante, no me sobra ni me falta nada”


¿Qué tanto hay de Martí en el texto dramático?

 
Yo creo que, si uno conecta, es porque en el fondo, lo que está contando, de alguna manera, lo haces sentir igual a como lo haría sentir si fuese el mismo Williams quien lo contara. Con Van Gogh me pasó: yo asumí tantas cosas del pintor después de hacer ese texto… Van Gogh era un intelectual, con un discurso de predicador muy elevado, muy filosófico. Muchas cosas que yo dije en esa obra, ahora son mías. Y me pasa también con Tennessee Williams. Yo tengo un concepto mágico de lo que es el teatro. Tengo el práctico, claro: aprenderse el texto, prender la luz, dar la marca, pero después hay otra visión que te ayuda a sobrevivir, donde la magia del teatro va componiendo cosas del día a día. Hay muchas cosas de Williams que no sé si él me las ha prestado a mí o yo se las he prestado a él, pero en todo caso me siento muy identificado con él.

 
¿Cómo fue la curaduría para escoger esos fragmentos de las memorias?

 
Están contadas desde que él es niño hasta que termina sus memorias, cuando tiene 74 años, y no acaba de contarlo todo porque muere a los 83. Estas memorias están planteadas como una venganza contra el sistema, contra el star system que lo olvidó. Williams fue una estrella en Estados Unidos en los cuarenta y en los cincuenta, era el dramaturgo e incluso el adaptador de sus propias obras al cine, y es de los pocos a quienes se les concedió el honor de tener un sello postal; el máximo premio que tenían en esa época muchas estrellas era salir en los sellos de los correos: Marilyn Monroe, Arthur Miller. En su proceso de investigación, escogió el camino honesto para él pero equivocado para la industria: la industria le pedía que escribiera siempre lo mismo, y él decidió continuar investigando sobre su teatro. Ahí ocurrió el divorcio, ahí empezó su descenso a los infiernos: perder todo lo que tenía. Además fue muy atrevido en su época, fue un avanzado al abordar la identidad homosexual: tiene una pareja, y la quiere un montón, pero al mismo tiempo es promiscuo 100 por 100; convive las dos cosas a la vez, y lo cuenta sin miedo. Hay muchas cosas que te enganchan de su vida pero sobre todo te das cuenta que cuando tú has visto las obras de Williams, son su vida en muchos aspectos: son las cosas que le pasan a él pero maquilladas, transformadas, reinventadas; tú ves el problema de la relación con sus padres, su hermana, con la enfermedad mental, los deseos sexuales, sus idas a los bares.

 



 
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El testamento del último gran americano
 
 

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