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Escrito por : Mauricio Arévalo Arbeláez

 Nuestro director conversa con la periodista y documentalista Natalia Orozco sobre el estreno de su documental "El silencio de los fusiles". En esta primera parte de la entrevista, Orozco nos narra cómo es el origen de la película y cómo llegó a la mesa de negociación de La Habana. 

 

Orozcoportada

 Natalia Orozco por Mauricio Arévalo A.

 

Después de más de diez años como corresponsal de guerra, la periodista antioqueña Natalia Orozco regresó a su país para narrar lo que sería uno de los momentos históricos más importantes para Colombia en los últimos tiempos: el fin de la guerra con las FARC. A partir de la intención de registrarlo en un documental, Orozco se convirtió en una mirada testigo de las negociaciones y de cómo se vivió el acuerdo en las filas del grupo guerrillero que ha entregado, hasta hoy, más de 7000 armas en un proceso vigilado por la Organización de las Naciones Unidas. Este registro se podrá ver en las salas de cine del país a partir del 20 de julio.


Orozco habla con una dulzura inverosímil. Resulta a ratos increíble, casi imposible, que una persona que ha visto tanta crueldad pueda aún sonreír y reafirmarse en la esperanza de manera tan decidida. Es, además, una narradora generosa: no se guarda ningún detalle. Como cualquier corresponsal de guerra, parece que su valentía habita precisamente en esa imprudencia: con sus palabras también parece perseguir el riesgo.


Su conversación es un placer. Sus respuestas y su historia desarman: desarticuló todo el cuestionario que tenía preparado desde la primera oración con la que contestó mi pregunta inicial.


Orozco tiene, en definitiva, mucho que contar.


¿Cómo llegaste a la idea de El silencio de los fusiles?

 
Yo vengo de un recorrido periodístico y, por esas cosas de la vida, terminé como corresponsal de guerra. A finales del 2011, sin embargo, yo empecé a divorciarme del periodismo: era corresponsal en Washington, me tocaba hablar mucho de los conflictos internacionales, de Guantánamo, y en algún momento dije: “No vuelvo a hablar de Guantánamo hasta que yo no vaya y vea cómo es eso”. Me decían: "No la van a dejar entrar. Es muy difícil". Pero yo doy la pelea y entro a Guantánamo, y hago mi primera historia de largo aliento en la prisión. Cuando salgo de allí, RCN me pide el material y yo no lo mando mientras no hable con algunos de los detenidos. Como en Guantánamo no me dejaron, me fui a buscar por Europa a unas personas que habían salido de allí, y empiezo a entender que soy profundamente feliz narrando historias. Historias más allá de la guerra , historias de esos seres que habían vivido la guerra o la violencia. Y entiendo también que navegar por la condición humana es el viaje más apasionante que puedo emprender.
Entonces, después de Guantánamo, hago uno sobre los gitanos que yo veía que llegaban a Europa y que todo el mundo rechazaba, y ellos se metían en unas redes de crimen organizado muy complejas y utilizaban a los niños; después me voy hasta Hungría y Rumania, y viajo con ellos en ese recorrido que hacen para llegar a Europa… Hasta que me voy a cubrir como corresponsal en Libia, estoy dos años en África del Norte, entrando y saliendo en medio de los bombardeos de la OTAN, de los bombardeos de Gadafi — porque ahí fue de lado y lado también — y es entonces cuando inician los rumores de que hay delegados de las FARC y delegados de Santos encontrándose clandestinamente en las selvas de Colombia. Yo estaba ya terminando mi película, me acuerdo que estaba en una premier…

¿Eso fue hace cuánto?

 
En el 2012. Yo estaba en una premier en Corea del Sur a la que me habían invitado y es allá donde alguien me pregunta “¿Usted qué sueña?”… y a mí me salió, como si fuera la respuesta de toda la vida: “Yo sueño hacer la película de mi país transitando hacia la paz”. ¿Qué más puede soñar un periodista que creció en un país en guerra? En ese momento, tan lejos, entendí que los próximos años de mi vida, si ese rumor era verdad, iban a estar marcados por esa búsqueda de la paz.


El Silencio de los Fusiles nace porque yo siempre tuve claro que si se llegaba a un acuerdo, eso no iba a ser la paz; el estar en otras guerras me enseñó que la paz es una cosa mucho más compleja y más difícil que un acuerdo o que un cese al fuego. Sin embargo, también tenía claro que El Silencio de los Fusiles era el principio de un estado necesario y fundamental que es el de no guerra con las FARC. Por eso yo hablo es de un relato íntimo del fin de esta guerra: uno no puede desconocer que faltan muchas otras por librar, ni caer en la trampa que nos hicieron creer mucho tiempo, y es que las FARC eran el único problema de este país. La realidad demuestra todo lo contrario.


Decides volver al país y… ¿a dónde llegas?


No volví al país; volé a La Habana, directo. Volé sola, casi que sin fondos, porque hacer documentales es como hacer poesía: es una aventura que se hace por amor. Anuncian que sí, que a La Habana van a llegar los comandantes, y ahí empiezo una aproximación con ellos que dura seis viajes y un año, sin poder grabar porque había mucha desconfianza pues para ellos yo representaba las cosas que ellos cuestionan o que, de alguna manera, combatieron: una pequeña burguesita que había trabajado para RCN, un medio para nada proinsurgente. Yo tenía todo para que me dijeran que no, y por mucho tiempo, aunque en realidad me dijeron que sí, no me permitían hacer la película. Comienzo en La Habana ese acercamiento y logro que me empiecen a dejar grabar algunas cosas que en realidad yo no utilizo en la película porque eran lugares comunes, era pura demagogia.


Cuando empiezo, un año después, a acercarme al gobierno, el gobierno pensaba que yo era muy cercana a las FARC. Fue igual de difícil que con las FARC. Siempre lo he dicho: no logré la intimidad que yo hubiera querido con las FARC o con el gobierno como equipo negociador. Y creo que nadie lo va a lograr porque la verdadera historia de esta guerra y esta paz se va a poder contar sólo hasta dentro de muchas décadas.

 
¿Cómo fueron esas aproximaciones? ¿Con quiénes hablaste? ¿Cómo te acercaste a ellos?


A la primera persona que yo vi de las FARC fue a Camila Cienfuegos, que estaba como manejando a unos periodistas, y yo le pasé un papelito que decía: “Señor Iván Márquez: yo quiero hacer una película sobre los últimos días en armas de la guerrilla de las FARC. Soy una periodista independiente. Por favor, llámeme y, si no me va a llamar, avíseme porque no tengo plata y no me puedo quedar muchos días”. Era un papelito así (Orozco señala una servilleta), y yo no sé cómo hace Camila para que Iván Márquez, como tres días después, me marque a un teléfono fijo que yo le di, que era una casa de unos travestis donde me estaba quedando. A mí me tocaba quedarme ahí, mirando el teléfono todo el día. Yo no tenía celular entonces me tocaba despertarme literalmente a mirar el teléfono. Iván Márquez llamó a las once de la noche a decirme: "La vamos a atender", pero eso no quería decir: "La vamos a dejar hacer su película". "La vamos a atender" fue el primer resultado de un año de aproximaciones.

 

Tengo que decir que la persona que hace posible este documental del lado de las FARC es Pablo Catatumbo: él entiende que esta película tiene que ser narrada más allá de la noticia y del scoop (la primicia). Yo no creo que él haya confiado en mí, pero decidió correr el riesgo, y yo sé que le tocó dar unas peleas duras dentro de las FARC para poder hacer la película. De eso me enteré después. 

 

 

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 El silencio de los fusiles

 

 ¿Por qué dices que entendió lo 'importante'?

 

Porque Pablo Catatumbo es un loco de la cultura, la literatura y el cine, y yo creo que él tenía, en medio de ese nivel de estrés de las dos delegaciones en La Habana y en medio de la urgencia del día a día, la posibilidad de pensar en el impacto que había tenido la cultura en otros momentos y conflictos. Su universo cultural es muy rico. Yo no idealizo para nada a nadie del gobierno ni a nadie de las FARC, pero les reconozco a los unos y a los otros algunas cualidades; y Pablo Catatumbo es un tipo con un universo cultural supremamente amplio. Eso le permitió tener una perspectiva digamos… más rica de lo que podía ser un documental en este momento de la historia del país.

 

¿Y con el gobierno cómo fue esa aproximación?

 

Con el gobierno fue Humberto de la Calle. Era misión imposible por varias razones: una, porque el gobierno estaba haciendo su propia película, entonces me tenían cerrados a mí todos los frentes; dos, porque ellos, al verme grabando tanto con las FARC, pensaron que yo estaba haciendo una película pro FARC. Fue gracias a Rodrigo Pardo que un día consiguió que Humberto de la Calle me aceptara un café y él, con la misma rapidez mental y ese mismo universo cultural absolutamente enorme, se demoró tres minutos para decirme: “Listo, grabemos”. Yo solo necesitaba esa sentada con Humberto de la Calle y contarle quién era y cuál era mi intención, y él ahí mismo lo entendió. Esta película se hace contra la voluntad de Sergio Jaramillo y de muchas personas, pero por la voluntad de Humberto de la Calle.

 

¿Qué sucede con esa otra película? ¿Está? ¿Existe?

 

Yo no sé qué ha pasado…

 

Es que es bien interesante pensarlo como unos testimonios 'oficiales' y unos testimonios que intentan ir más allá…

 

Yo creo que incluso esa película también iba a cambiar, porque entendieron que una versión oficial, en una guerra que ha sido tan irregular, no tendría sentido. Esto nunca fue una guerra de buenos y de malos, o de buenos contra malos; esto es una guerra de seres humanos.. a veces muy buenos, pero que cometieron actos profundamente malos.

 

¿Qué sucede después de que tienes la aprobación?

 

Empiezo a ir La Habana y a esperar …

 

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Espere la segunda parte de esta conversación la próxima semana.

 

El silencio de los fusiles se estrenará el 20 de julio y tendrá funciones especiales hasta el 23. Para más información de salas y horario, consulte este enlace.

@marevalo53
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