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Escrito por : Ana María Enciso

 Egon Schiele fue un pintor controversial en su época y hoy en día lo sigue siendo. La película de Dieter Berner, Egon Schiele. La muerte y la doncella, logra hablar de la obra del artista y también aborda su convulsionada vida personal,  sin caer en el error fácil de abandonar la película al tema de la fama.

 

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“[…] Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro […]”

 

 Borges y yo. Jorge Luis Borges


Las películas sobre artistas parecieran ser particularmente difíciles de lograr.  En general, decir algo interesante sobre cualquier personaje notable es arduo y uno tiende a sentirse torpe y un poco idiota (reto al que nos enfrentamos en la revista cada vez que intentamos escribir una efeméride), pero la pantalla grande tiende a toparse particularmente con dos dificultades cuando ese alguien es un pintor. La primera, cuando el centro es la obra, es la tarea de exprimirle una narrativa que sirva de hilo conductor y lleve despierto al espectador de la primera a la última escena. Si no lo logran, la película (esto lo he visto sobre todo en documentales) se vuelve soporífera y uno acaba sintiendo culpa por cabecear viendo un film sobre Goya o Renoir. Pero para hacer una buena película sobre pintura no basta con pasar la cámara frente a los cuadros, por grandiosos que estos sean, y la hermosura de las salas de exposición tampoco es suficiente.

 

 

 
 
 


 La segunda dificultad es dejarse llevar por la tentación de la fama, como sucede, por ejemplo, en Modigliani.  Hay un personaje que ya tiene fama de ser un hombre lleno de excesos, mujeriego, alcohólico, talentoso y, para completar el combo, tísico, así que, en vez de tomarse la molestia de construir el personaje en la pantalla, escena a escena, es más fácil aprovechar la fama y dedicar las dos horas de película a contar un culebrón.

 

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Dieter y Hilde Berger (son exesposos, no hermanos) se tomaron el trabajo de construir los personajes de la película y de mostrarlos como seres diversos, complejos. Egon Schiele (Noah Saavedra) parrandea, tiene amantes y una relación sumamente perturbadora con su hermana menor, pero sobre todo pinta y reflexiona sobre la pintura. Egon Schiele. La muerte y la doncella cuenta la historia de un hombre que es pintor y resulta siendo el mismo Schiele al que su fama de excesos ha perseguido desde que la forjara en la primera década del siglo XX, haciendo que se pierda el centro de atención y su obra pase a un segundo plano (pese a que era lo que más le importaba en la vida, como se evidencia en su correspondencia). La insinuación de una relación incestuosa con su hermana, Gerti Schiele (Maresi Riegner), es muy fuerte, sin llegar a ser grotesca; Gerti lo adora, le tiene rabia y siente celos de las otras mujeres que posan para él, pese a lo cual no puede más que estar ahí para él, infalible. 

 

Vale la pena ver Egon Schiele. La muerte y la doncella (que, por cierto, se llamada así por uno de los cuadros que aparecen en la película). Contrario a lo que pueda parecer por el tráiler, Dieter e Hilde Berger se propusieron hacer una buena película y no contar chismes sobre algún famoso. Sin duda, lo lograron.  

 

 

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Egon Schiele. La muerte y la doncella se estrenará en Colombia el 11 de enero.

 
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