ElCamerino
Volver
Escrito por : Mario Henao

El pasado miércoles 31 de enero se estrenó en el teatro La Mama de Chapinero Noche oscura, lugar tranquilo de Enrique Lozano. Dirigida por César Badillo, esta obra propone un encuentro entre tres personajes que al hablar se transforman.

  

 Nocheoscuraportada    

 

  
 

 

El gran invento de Sigmund Freud, el psicoanálisis, fue la puesta en práctica de una actividad común que, según sus descubrimientos, tenía poderes curativos. Esa práctica es la de la conversación, la de la charla por medio de la que salen a flote los problemas personales y gracias a la que se puede uno hacer consciente de ellos. Ningún lugar más privilegiado para que se dé esa cura por medio de la palabra que el teatro, un espacio hecho para el diálogo y la conversación; una conversación que vehicula una acción y que propicia casi siempre una transformación, un cambio en quienes participan de la charla y quienes la ven como espectadores. Por eso, cuando se va al teatro siempre se va a un espacio mágico o místico, en el que la experiencia produce una diferencia en quien asiste y en quien ejecuta las acciones en la escena. No sólo se transforma el espectador; también el actor y obviamente los personajes.

Noche oscura, lugar tranquilo, que se presenta en el teatro La Mama hasta el próximo 11 de febrero, es una obra en la que tres personajes tratan de dar lugar a su mundo. Un hombre maduro, Ignacio, decide retirarse a las afueras de la ciudad capital en donde espera poder dedicarse a la escritura de su novela. Su novela porque lo que escribe es su historia, la de una pareja que atraviesa problemas a causa de la falta de diálogo. Ignacio espera que al poner en palabras su historia, esta se pueda transformar, lo que significa que asistimos a una especie de sesión de psicoanálisis en la que un hombre intenta darle orden a su historia de vida en una novela y que, a causa de la ficción dramática, descubre la organización de su vida a los asistentes al teatro. Pero no es la novela lo que revelará los conflictos de Ignacio, sino su trato con los otros personajes con los que comparte el escenario; en sus charlas surgirá la vida y el mundo de cada uno de ellos.

La noche oscura, momento en el que ocurre toda la obra, inevitablemente lleva a pensar en el proceso místico de experiencia que trató de transmitir el poeta español San Juan de la Cruz. Es durante la noche más oscura que el alma sale de su casa para encontrarse con su amante y poder recuperar la unidad divina. En esa noche oscura el alma no necesita una luz porque la guía su deseo de reunirse con el Amante, con Dios, quien ilumina su camino y le presenta un recorrido que puede realizar porque ya no está sometida al sentido de la vista. Sin embargo, San Juan no considera que esa noche oscura sea un lugar tranquilo. Se trata de la experiencia más intensa que puede pasar el ser humano porque consiste en el desprendimiento de todo aquello que lo mantenía en el mundo material, incluso el desprendimiento del cuerpo sensible que produjo placer y que ahora debe ser abandonado. Todo proceso de transformación implica dolor y sufrimiento. Dolor por lo que se tiene que dejar y sufrimiento porque todo cambio es un renacimiento y un enfrentarse nuevamente al mundo, que recupera su misterio y se hace desconocido, por lo tanto, temible. La acción de los tres personajes de la obra demuestra la falta de tranquilidad en la que se encuentran, producto de ese proceso al que dan inicio con sus actos y, sobre todo, con su conversación.

Ignacio imagina que su retiro le permitirá estar en un lugar tranquilo, pero la lejanía espacial no es más que una forma de un mayor acercamiento a sí mismo que llega por medio del enfrentamiento con la diferencia que el otro produce. Ignacio conoce a Manuel, el encargado de la casa en donde va a vivir. Manuel es un argentino que vive hace años en Colombia y que no parece tener nada en común con Ignacio. La primera charla de ellos los ubica en lugares casi opuestos, el de la reflexión intelectual (Ignacio) y el de la experiencia de vida (Manuel). Y en esa oposición se va a construir la acción que ofrece la promesa de transformación de estos personajes, en particular de Ignacio, quien, al enfrentarse a su propia historia, da inicio a esa transformación, aunque ese no fuera el objetivo de su viaje.

La obra, escrita por Enrique Lozano, es una exposición de la intensidad de ese evento fundamental para el psicoanálisis, el trauma. Lo traumático no deja de aparecer y de condicionar todas las acciones y relaciones que se entablan. Irse a un lugar tranquilo es propiciar el encuentro con esa experiencia que se ha ido desplazando. La relación de pareja de Ignacio pende de un hilo a causa de ese trauma, y su partida a esa casa parece ser el acto que rompe ese débil hilo. Ignacio le dice a su mujer, Magda: “viniste a dañar mi lugar tranquilo”; pero no parecía que fuera real la existencia de ese lugar, porque lejos de las vicisitudes de la vida cotidiana, todos nos enfrentamos a los asuntos fundamentales de nuestra vida, la relación con los otros y con nosotros mismos. El descubrimiento del otro lleva a la sospecha, a la envidia, a los celos, al temor. Pero ese saber quién es el otro es una forma de reflejo que obliga al propio cuestionamiento y genera el terror de quien se ve desde afuera como un diferente. Y esa es la experiencia mística que ocurre en el teatro y por la que se atraviesa cuando se entra a la oscuridad de la noche. Ante la ausencia de luz hay que buscar una iluminación interna que no siempre produce tranquilidad. Llegar a conocer al otro puede convertirse en la forma más efectiva de abandonarlo y, al mismo tiempo, es la conciencia de que nunca se sabe quién es la persona que uno tiene a su lado.

Todas estas experiencias son puestas en escena en esta obra dirigida por César Badillo, quien está acompañado de un excelente diseño escenográfico que va a acorralando, literalmente, a los personajes y actores de modo que tienen que enfrentar más de cerca al público, con lo que se genera esa cercanía incómoda de la que siempre quiere uno huir. La experiencia también demuestra que la huida no es posible, que inevitablemente la intranquilidad tomará su lugar y nos obligará a la transformación.

 

----------

Noche oscura, lugar tranquilo estará en temporada hasta el 11 de febrero en el Teatro La Mama (Calle 63 # 9 – 60)

 

 

VER TAMBIÉN

 

Laurita y las tetas: la pérdida

Las bolsas de basura

El arte de la guerra que no hemos visto

 

 

TWITTER

FACEBOOK

AGENDA ARTIFICIAL

Febrero 2018
D L M X J V S
28 29 30 31 1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 1 2 3

telegramas-bt

canillitas

paute-bt