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Escrito por : Lina Salas

 La llegada de Trainspotting 2 al cine ha dado a los seguidores de la película de culto 20 años de espera. Con los actores originales, envejecidos, Danny Boyle da vida de nuevo a Rent, Sickboy, Begbie y Spud, esta vez a bordo de un emprendimiento ‘prometedor’.

 

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 Potada de Porno en el Social Coffee House. Fotografía de Mauricio Arévalo A.

 

 Hay un latido interminable, acelerado, casi como un zumbido que atormenta los sentidos. Cada capítulo, o en su defecto cada escena, es un resonar de un corazón que intenta seguirle el paso al ritmo de vida que lo jalona, pero que siempre se queda corto. Trainspotting suena como un parloteo incesante de voces furibundas en una turba, como el corazón de cada uno de los adictos que le dan vida. Recordar el clásico de Irvin Welsh es volver a sentir ese palpitar y experimentar, de nuevo, náuseas ante unas descripciones cada vez más vívidas.


En Porno, su secuela, no se trata de que desaparezcan las náuseas, ni cerca, se trata más bien de que el corazón ya no logra latir tan rápido como antes. Después de una novela en la que los ojos no alcanzaban a correr por el párrafo con la rapidez suficiente, en la que los dedos no alcanzaban a pasar de una página a otra tan ágilmente como el libro mismo lo exigía, el lector pasa a vivir y saborear cada una de las letras de cada página. El mismo ritmo ajetreado que agotó a los personajes acaba por agotar al lector y a obligarlo a ir un poco más lento, casi en contra de su voluntad.


La vida de Mark Renton no es, en Porno, el caos que era en Trainspotting, y resulta indiscutible que el paso de los años ha dejado huellas profundas en Frank Begbie. A Sickboy y a Spud, en cambio, pareciera que los años les hubieran pasado en vano, pues su ritmo y su pensar no cambia de un tomo a otro, nada se mueve en ellos.


Ese vomitar verbal que movió alguna vez a Sickboy en Trainspotting promete abalanzarse con la misma fuerza veinte años después, con el lanzamiento al cine de la película de su secuela. Es cierto, Trainspotting 2 está tan sólo “ligeramente basada” en Porno, lo que en términos de Hollywood puede significar cualquier cosa, incluso podría significar que los personajes a duras penas conserven su identidad. Este calificativo, sin embargo, no cambia la belleza de unir a Welsh con Danny Boyle una vez más, ni altera la decisión brillante de ambos de haber esperado a que los actores envejecieran suficiente para que la nueva entrega fuera más real. Al menos eso está garantizado.


Veinte años más tarde, el latir intenta ralentizar, los pulmones intentan llenarse de todo el aire que puedan mientras tan solo logran hiper ventilar, y unos dedos ansiosos tamborilean por encima de una portada que muestra la boca de una muñeca inflable. Veinte años después, un calendario marca con equis temblorosas la espera. Veinte años después, Trainspotting es aún símbolo de algo grande, de un culto que está a punto de regresar.

 

 
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