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Escrito por : Ana María Enciso

 Lemaitre, Le-maître, “el maestro”. Pierre Lemaitre ganó el premio Gouncourt, el más importante del mundo francófono, en el 2014 con “Nos vemos allá arriba”, luego de haber publicado varias novelas policiacas que le hicieron merecedor de reconocimiento internacional. Lemaitre fue el invitado más importante de la FILBO de este año, un escritor que hace honor a su apellido y al oficio que tuvo durante toda la vida antes de dedicarse tiempo completo a escribir.

 

Lemaitre

 

Al haber empezado su carrera como escritor a través de la novela policiaca, a usted se le asocia con un género que injustamente es visto como menor. Sin embargo, este podría estar cumpliendo una función similar a la de la tragedia clásica: ayudar a exorcizar la violencia latente en nuestra sociedad, al tiempo que nos muestra un escenario en el que el orden de la sociedad se restaura. En la tragedia clásica gracias al sacrificio del héroe, en la novela policiaca por la investigación que hace el policía. ¿Cree que esto pueda relacionarse con el crecimiento del género policial en los últimos años?

Yo no sé si se pueda hablar de exorcismo. Me pregunto si la novela policiaca nos sirve para actualizar una violencia que, al menos en Europa, no es explícita. En este sentido, creo que la comparación entre el continente americano y el europeo se debe tomar con mucha precaución. No soy un especialista en América Latina, para nada, pero creo que acá, y sobre todo en Colombia, todo el mundo ha visto la violencia. Existe físicamente o existió, aunque hoy en día felizmente se esté pacificando. Pero a pesar de esto, los colombianos han sido testigos muy directos de la violencia, cosa que no es el caso en Europa. En Europa no hemos tenido una Guerra Civil o un conflicto interno violento; esto significa que la mayoría de los europeos nunca han visto un arma en su vida, salvo en la televisión; ni han visto un muerto, salvo tal vez su padre en el ataúd. Y por lo tanto, tienen el espectáculo permanente de la violencia del mundo, pero es una violencia de alguna manera virtual. Es lo que se ve en los periódicos, en la televisión, pero no forma parte de la vida cotidiana. Así que hay una paradoja: la de ver y sentir que el mundo es violento pero que no puedas constatarlo en la vida cotidiana. En este sentido creo que el continente europeo es muy diferente del continente americano.


No quiero expresarme sobre el lugar de la novela policiaca en América Latina, no tengo autoridad ni competencia para ello, pero puedo tratar de analizarlo para el continente en el que vivo. En este caso, hablo de una especie de exutorio : porque la novela permite materializar una violencia que vemos o conocemos de manera virtual, pero que sentimos como algo muy presente. Veamos un ejemplo para mayor precisión: el desempleo es una forma de violencia simbólica en extremo, pero es simbólica. Nadie le dispara a nadie, a nadie lo encarcelan, secuestran o torturan. Solamente le quitamos el trabajo y lo condenamos a una vida precaria, incierta. Es una forma de violencia muy grande porque uno se siente condenado, pero también la familia, los hijos... es muy fuerte. Entonces me pregunto si la novela policiaca no tiene como función actualizar una violencia que se puede vivir desde adentro leyendo el libro o proyectándose, identificándose con el personaje, y por lo tanto reducir esta paradoja de aquella violencia que se siente, pero no es visible, esa especie de violencia interior. La pobreza también es algo que se ve, pero no hay sangre, no hay asesinato. La novela policiaca ayuda tal vez a apaciguar el espíritu de las personas que son víctimas de una violencia casi invisible. Los pobres en Francia son invisibles y en Europa también. Por supuesto hay gente que duerme en la calle, gente que no tiene techo, los hay. Pero hay 8 millones de pobres en Francia, no 8 millones de habitantes de calle, 8 millones de pobres, entonces uno se pregunta ¿Dónde están? No se ven. Van a su trabajo por tres euros, mercan buscando moneditas en el fondo de la alcancía para llegar al fin de la semana. Los pobres son muy pudorosos, así que son realmente los invisibles. La novela policiaca actualiza una violencia que para ellos tal vez es como un alivio. Por eso prefiero hablar de exutorio que de exorcismo.

Esta idea del exutorio se complejiza con el problema de su realización. En Colombia, tenemos algunos autores que han logrado escribir novelas u otras formas culturales bellas y potentes partiendo de la problemática del conflicto armado. Sin embargo, ha habido muchos otros casos en que, al intentar acercarse a estos temas, desde una perspectiva más de la novela negra han caído en un morbo que empobrece la narración y han contribuido, por ejemplo, a construir una imagen de los narcotraficantes como una especie de héroes. El tema es complejo y el matiz delicado pero, ¿cómo hace usted para guardar el equilibrio entre la necesidad de hablar de la sordidez de nuestras sociedades y la naturaleza humana sin que la forma de la narración caiga en lo sórdido también? 

Su pregunta nos manda a la moral individual de los escritores. Cuando escribo una historia me pregunto por su significado, sus consecuencias, los efectos que va a causar la historia que escribo entre los lectores. Entonces, si hay escritores que terminen cayendo en el sensacionalismo, en el amarillismo, que terminan glorificando a los criminales, tiene que ver con su moralidad. No hay una posición general o un sindicato internacional de la moralidad literaria. Pero creo que se puede tratar de profundizar esto un poco más. En definitiva, cuando un escritor convierte a un narcotraficante en héroe hay algo chocante, esto puedo entenderlo. Pero también, ¿en qué sistema social están metidos para que los escritores se sientan autorizados a convertir los criminales en héroes? Lo que ustedes están viviendo lo ha vivido los Estados Unidos durante los años 20 y 30, durante la prohibición del alcohol. Uno puede tener la impresión, leyendo algunas novelas o viendo ciertas películas, de que los traficantes eran como los nuevos vaqueros de la época, los que iban a conquistar nuevos territorios. Y si reviso la historia europea seguramente encuentre algo equivalente. Porque la literatura es el testimonio de toda la realidad. A veces es el testimonio de una lectura moral de la realidad, pero también puede ser una ocasión de ver de qué manera una ideología terminó ganando y contaminando los espíritus. Tomemos un ejemplo: la serie Narcos. En ella el narrador está haciendo que Pablo Escobar pase de ser un héroe negativo a un héroe positivo. Cuando esto pasa nos tenemos que preguntar qué lo autorizó para hacerlo. ¿Por qué en algún momento un narrador sentirá que es normal y está bien hacerlo?, ¿qué ideología, qué concepto, contaminó los espíritus para que esto se vuelva posible? Esto es lo interesante. No es tanto ser crítico frente al resultado, sino ser analítico de las causas. Por supuesto, no voy a ser yo quien pueda hacer una disertación sobre la literatura colombiana, pero hay que hacerse las preguntas adecuadas. Y la pregunta no es tanto si es chocante o no sino por qué se da.


¿Pero cómo ha sido ese proceso en Nos vemos allá arriba? ¿Cómo ha hecho para lograr no caer en la sordidez?

 
Primero, no estoy seguro de haberlo logrado. Y bueno, si decimos que lo logré, igual me ayudó mucho el contexto histórico. ¿Qué cuento en esta novela? Cuento la historia de dos soldados jóvenes que no encuentran su lugar en la sociedad a la que regresan después de haber dedicado cuatro años de su vida a ganar una guerra para su país. Entonces, ahí hay algo chocante, por supuesto: estamos un poco sorprendidos de ver que el sistema no les abra un espacio y los acoja. Pero el contexto francés no está basado en la gratitud. La Francia de 1920 era incapaz, materialmente, de abrirles un campo. No es un país que no quiera más a sus soldados, sino que material, económica, financieramente, no puede hacer nada por ellos. El país fue totalmente devastado por la guerra. El país al que estos dos jóvenes regresan es uno en el que en la mitad del territorio ya no hay casas, ferrocarriles, carreteras, nada, no hay ni agricultura siquiera. Es un país arruinado que, aunque quisiera, no podría. Es una dinámica que es muy recurrente, la ingratitud frente a los soldados. Por ejemplo, en los Estados Unidos, al final de la guerra de Vietnam, que es el tema de Rambo, con Sylvester Stallone (una excelente película), cuenta la historia de un hombre que hizo lo que el sistema le pedía: se le pidió ser un asesino de vietnamitas. Y él fue y mató vietnamitas, y ya. Y cuando regresa lo empiezan a cazar, a criticar como un paria. Pero el mecanismo de la ingratitud americana no es igual al de la francesa. No todas las guerras se parecen. En el caso de América, hay una gran diferencia y es que la guerra de Vietnam la perdieron. Entonces el soldado es como la encarnación de una derrota vergonzosa, que entra en conflicto con la fantasía americana de superpotencia, de maestros del mundo. Pero en Nos vemos allá arriba es diferente. No es que no queramos a los soldados, queremos verlos porque ganaron la guerra y los discursos de los políticos son más bien positivos al respecto. De hecho, uno de ellos dijo: “Estos hombres tienen derechos sobre nosotros”. ¡Es enorme! Los quieren, los glorifican. Pero no hay cómo hacer nada por ellos, sino hasta muchos años después, pero ya será demasiado tarde. O sea que estos hombres mueren dos veces. El motor del libro es más la repetición de la ingratitud, esta impotencia del país. Mucho más que… la rabia que pudieran sentir los estadounidenses frente a los soldados regresados. Los soldados siempre regresan mal, pero no siempre por las mismas razones.

Hay momentos en Nos vemos allá arriba en que hace referencia al destino de sus personajes, destino que es inevitable, que ciertamente no es el que preferirían para sí mismos, pero hacia el que se van encaminando a través de acciones que eligen libremente. Esas referencias al destino de sus personajes tienen una mezcla de compasión dolorosa y humor negro, pero a mí también me ayuda a ver que los suyos son personajes que proyectan sombras, que son personas y sus vidas tienen muchas caras. Cuénteme sobre el proceso de construcción de sus personajes.

Nos vemos allá arriba es una novela de aventura y picaresca. Voy a explicar por qué. La novela picaresca nace en España con El lazarillo de Tormes, que es una novela anónima del S. XVI, y esta novela inventa el género. Para definirlo brevemente, la novela picaresca pone en escena un personaje que pertenece a las capas más desfavorecidas de la sociedad y que para sobrevivir es obligado a ser deshonesto, lo cual plantea un problema moral: él es deshonesto, y por eso lo queremos condenar, pero las razones que lo llevan a hacerlo nos conducirían más bien a absolverlo. Así que la contradicción de la novela picaresca se encuentra en la cuestión moral alrededor del personaje. Si miramos la historia de la literatura desde el S. XVII, la novela picaresca aparece de nuevo en todas las grandes épocas de crisis porque es una forma novelesca que permite poner en escena las grandes contradicciones y paradojas de estas épocas. Como decía hace un momento, la Francia de los años 20 es un país en crisis y me pareció que la forma picaresca era la indicada. Y de hecho el personaje Albert Maillard, un empleado de banco raso, o sea un pícaro, como no recibe ni un peso como excombatiente, y porque debe cuidar a su amigo que ya no trabaja, tiene que cometer una estafa: vender estos monumentos de conmemoración de los muertos. Esto está indexado en una forma literaria, y cuando la escogí el personaje ya estaba definido porque el género picaresco define la forma de personaje. De resto, lo único que tenía que hacer era encontrar un contexto, un empleo y decir que era un héroe picaresco para que la novela estuviera escrita. Entonces, desde el momento en que eso quedó definido, la novela estaba acabada, ya sólo me quedaba escribirla.  

 

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