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Escrito por : Juan Daniel Neira

 Esta realización que recorre con minucioso detalle la vida y la obra del genial Rafael de Urbino se presentará en pocas funciones del 15 al 18 de Junio. Un viaje por las obras del pintor renacentista que  merece ser vivido en pantalla gigante.

 

Rafaelportada

 

 La obra de Rafael Sanzio no puede pasar desapercibida, pues es uno de los artistas prodigio que de alguna u otra manera dejó para siempre su trabajo inscrito en la conciencia de la humanidad. No hay que ser conocedor de arte para sentirse conmovido por sus pinturas, que son capaces de mover al asombro a cualquiera que se acerque a mirarlas, pues el pintor dedicó su vida a captar la belleza en la que se relacionan la naturaleza, lo humano y lo divino. La mirada que Rafael quiso compartir con su pintura muestra a los hombres y mujeres de todos los tiempos una imagen conmovedora de sí mismos; y es precisamente esta experiencia de asombro ante el arte y ante la vida –este vislumbre de aquello que mueve al alma a sentirse inmensa–, lo que esta cinta captura con precisión.


Aunque el documental se encarga de hacer un recorrido por la vida entera del pintor de Urbino, bajo ninguna circunstancia su intención es hacer una biografía. Su foco principal es acercar al espectador a las obras de Rafael, detallar el progreso de su habilidad, dejando que sean las pinturas las que revelen la profundidad de la mirada que forjó a lo largo de su paso por el mundo. Son estos cuadros, reproducidos con extraordinaria definición y llevados a las proporciones de la pantalla gigante, los que hacen por completo el deleite de la película, pues el tamaño que las pinturas cobran en la sala de cine hace un digno homenaje al tamaño espiritual que el pintor imprimió en ellas.


Acompañado por los comentarios de estudiosos de esta obra, el espectador es invitado a penetrar en el camino artístico de Rafael; esa empresa de constante ambición y compromiso que le otorgó su temprano éxito y su permanencia. Rafael, que desde pequeño empezó a entender al arte como un oficio en el que estaba la responsabilidad de capturar lo eterno en lo mortal, demuestra una necesidad de perpetuo perfeccionamiento en su búsqueda por hacer que lo sagrado se manifestase en sus pinturas. Es esta experiencia de teofanía, de revelación de lo divino a través de lo humano, lo que sus cuadros logran con mayor detalle a lo largo de su carrera; logro que esta película respeta y realza encarecidamente.


La vida que palpita en estos cuadros no se deja de notar a través de sus reproducciones; esa vida entregada al arte que permitió aquella leyenda en la que el pintor muere mientras trabaja en el rostro del Cristo Transfigurado. Ciertamente, las imágenes de la película le permiten al espectador sentir con plenitud el alma que quedó plasmada allí, aunque se encuentre uno tan lejos de los originales. Es por esto que esta breve oportunidad de visitar una galería dedicada enteramente al genio de Rafael significa mucho, pues el cuidado con el que los realizadores se dedicaron a esta obra transmite bellamente la esencia ese misterio sobrecogedor que formó la destreza de este maestro del Renacimiento. Este homenaje al pintor es merecedor de ser conocido, pues nos acerca plenamente a una obra que nunca dejará de maravillar a la humanidad.

 

 
 

 

 
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