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Escrito por : Lucía Martínez

 Un político y viajero francés, desconocido coleccionista de fotografías colombianas de los siglos XIX y XX, es el protagonista, junto con sus imágenes, de una interesante exhibición que se muestra al público en el Museo de Bogotá.

 

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 Anónimo, "Peones almorzando, tierra templada, Cundinamarca", Ca. 1890, Asociación Bourgarel

 

Como parte de las actividades culturales de la programación del Año Colombia – Francia, el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural ha abierto en el Museo de Bogotá la exposición Más allá del cliché: el fondo fotográfico de Ernest Bourgarel. Una compilación de imágenes y textos pertenecientes a este diplomático y viajero francés, que vivió en Colombia en las últimas décadas del siglo XIX y los primeros años del siglo XX, es exhibida por primera vez al público y hace parte de los primeros ejercicios investigativos que se llevan a cabo sobre esta fuente archivística. Durante su estadía en Colombia, Bourgarel realizó una colección importante de fotografías, algunas atribuidas a él mismo, otras a importante fotógrafos de la época y otras anónimas que sin duda constituyen un patrimonio visual relevante de la historia del país y de la fotografía.


La exhibición propone un recorrido alrededor de cuatro salas, cada una dedicada a una temática identificada durante el análisis y selección de las piezas, las cuales dan cuenta de las primeras representaciones del territorio colombiano y sus habitantes en formato fotográfico de las relaciones entre la mirada de los autores de las fotografías y las narraciones sobre el país que allí se construían y al mismo tiempo sobre el desarrollo de las técnicas fotográficas que a la par iban sucediendo en este transcurso de tiempo. Así mismo, la exhibición plantea un diálogo permanente entre dichas fotografías y otros materiales complementarios como libros, ilustraciones, mapas y fragmentos de comunicaciones oficiales y personales de Bourgarel, lo que permite una aproximación a distintas miradas sobre los temas desde el punto de vista del propio Bourgarel y de otras personas.


La primera sala “El río Magdalena. Corredor de una modernidad contrariada” se divide en dos escenarios: una introducción sobre Ernest Bourgarel a partir de algunos retratos y documentos sobre su trabajo como diplomático y un recorrido fotográfico de los distintos lugares que hicieron parte de su viaje por el Río Magdalena. Bourgarel es presentado como un personaje entre dos roles predominantes: el de político y el de viajero. Esta articulación resulta fundamental para comprender por qué un canciller emprende una travesía por un territorio como el colombiano, en un ejercicio político y económico de reconocimiento del país y, por tanto, no muy lejos de una práctica colonialista profundamente ligada con una pasión por la colección de imágenes. Dichas imágenes bien podían dar cuenta de una serie de detalles que para el gobierno francés podrían ser muy pertinentes en sus proyectos de modernización y expansión, pero, sobre todo, configuraban una narración sobre un territorio, sobre una forma de comprender los paisajes y sobre un ejercicio de construir memoria e historia desde una mirada extranjera del país.


La composición de materiales exhibidos para ilustrar la travesía de Bourgarel por el Río Magdalena permite comprender desde distintos niveles por qué este curso de agua fue un elemento tan importante en el desarrollo de la modernidad en el país y del conocimiento del territorio durante el siglo XIX. El Magdalena fue en esta época (y, de alguna manera, sigue siendo) el principal canal de comunicación comercial del país y el recorrido obligado para cualquier inmigrante que llegara al país, como fue el caso de Bourgarel (esto porque los puertos principales de entrada de los extranjeros fueron Cartagena y Barranquilla). El río era así un paisaje obligado en los registros propios de las campañas modernizadoras, militares y políticas que otros países llevaban a cabo en Colombia. Además de permitir un acercamiento muy valioso a las formas de representación de la geografía colombiana, las piezas aquí exhibidas reconstruyen permanentemente las tensiones entre el desarrollo y la precariedad y los paisajes rurales y urbanos que para ese momento ya develaban unas contradicciones importantes en el proyecto de nación.

 

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 Atribuida a Ernest Bourgarel, Plaza de Bolívar, Bogotá, Asociación Bourgarel


La segunda sala “Bogotá. Epicentro del afrancesamiento” incluye una serie de fotografías y documentos sobre la capital en los cuales se logran apreciar tres componentes importantes de la época: la influencia francesa en la ciudad, visible en la moda, la arquitectura y la concepción del patrimonio; la distribución geográfica de la ciudad a partir de unas cartografías que evidencian los epicentros comerciales y políticos que, además, constituyen buena parte de los paisajes retratados y, finalmente, algunas de las primeras fotografías de instante que son referentes de la historia de la reportería gráfica en el país y que se tomaban en Bogotá o regiones aledañas, como el Salto del Tequendama.


La tercera sala titulada “Miradas cruzadas” exhibe una serie de imágenes referentes de las visiones colonialistas y las búsquedas etnográficas que prevalecían en ese momento en las representaciones sociales y culturales de los distintos grupos poblacionales del país. Esta intención de retratar de “manera fiel” algunos elementos esenciales como la forma de vestir, las viviendas y las ocupaciones de “otras” personas se realiza a través de un lenguaje visual costumbrista recreado en escenarios adecuados para que indígenas y campesinos fueran los protagonistas de sus propias representaciones. Algunas de estas fotografías fueron tomadas por el etnógrafo francés Joseph de Brettes (uno de los más importantes en la historia de la etnografía en el país) y hacen parte de la colección del diplomático, lo cual evoca nuevamente la relevancia de este archivo tanto a nivel histórico como artístico.


Finalmente, la exhibición concluye con la sala denominada “El retrato de la guerra” que con muy pocas fotografías reconstruye una mirada sobre el conflicto y las guerras civiles. El retrato no consiste en una imagen de la batalla en el campo de guerra en los términos en los que hoy entenderíamos ese tipo de cubrimientos fotográficos, sino en unas escenas que sin mostrar ninguna acción bélica evocan de manera silente esa situación, ofreciendo al espectador una composición de rostros, espacios y armas dispuestos en función de algo que no se ve pero que aun así es evidente. Así como la exhibición parte de una mirada del río Magdalena como un eje del desarrollo del país, termina con una representación del mismo como un corredor de la violencia colombiana. A lo largo de la sala aparecen distintas frases de la escritora Susan Sontag sobre el dolor que se tejen naturalmente con las imágenes y documentos que acompañan el cierre de la exhibición.


Cada una de las salas que componen la exposición inevitablemente suscitará en el público la formulación de un paralelo entre las imágenes que allí aparecen y las narraciones que definen nuestras representaciones actuales sobre el territorio, el desarrollo, la pobreza, la diversidad y la guerra. Más que una invitación a hacer un recorrido por vestigios de la historia del país, estos ejercicios curatoriales proponen una articulación permanente entre nuestro pasado y nuestro presente. Para el caso de Más allá del cliché, las cuatro temáticas que componen el recorrido de la exhibición no tienen como función únicamente agrupar y exponer el material, sino que permiten hacer una lectura actual sobre esas ideas que incluso hoy en día constituyen preguntas importantes para la idea de país que estamos construyendo.


Aunque la exposición no cuenta aún con materiales didácticos e ilustrativos, las visitas guiadas que se programan periódicamente son una excelente oportunidad para conocer la exhibición y tener la posibilidad de visitarla nuevamente con algunos referentes y puntos de vista que sin duda enriquecerán la experiencia y activaran las preguntas y relaciones que de ella derivan.

 

 
 

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Más allá del cliché: el fondo fotográfico de Ernest Bourgarel se exhibe en el Museo de Bogotá hasta el 3 de septiembre de 2017. 

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